08/02/2011

IMITAR

Recuerdo que cuando era niño admiraba a Superman y quería ser como él. Volar, tener súper fuerza, rayos x, gran velocidad y darle su merecido a los malos eran cualidades que anhelaba tener. Crecí, y en mi adolescencia cambié a Superman por James Bond, que además de vencer a los malos, era atractivo a las mujeres por su elegancia y sagacidad. Yo quería ser como él. Pasaron los años y en mi juventud me sentí atraído por las estrellas de rock; su forma de vestir, sus gestos, sus posturas, sus cortes de pelo, su rebeldía, sus vicios eran una forma de buscar mi identidad. Fue en ese momento que Jesús llamó a la puerta de mi corazón y encontré el perfecto modelo a seguir.

El gran dilema del ser humano es a quién imitar. Todos de algún modo buscamos una imagen a seguir, siendo influenciados en nuestro comportamiento, acciones y en nuestras decisiones. Lamentablemente, hoy en día, los medios masivos de comunicación y el mundo del entretenimiento muestran estereotipos aterradores que mucha gente admira y sigue; la influencia de personajes con antivalores es alarmante y crece exponencialmente en la sociedad.

En contraposición, la Biblia nos exhorta a ser imitadores de Cristo y del Padre Dios (I Corintios 11:1, Efesios 5:1). Imitar quiere decir, ejecutar algo a ejemplo o semejanza de otra. Hacer o esforzarse por hacer algo lo mismo que otro o según el estilo de otro. Es decir, seguir las mismas huellas y ejemplos de otro, o llevar el mismo método, orden o disciplina que ella (RAE).

Cuando leemos los evangelios podemos encontrar a un Jesús que hablaba conforme lo que había visto cerca del Padre y actuaba conforme a las obras de su Padre (Juan 8:38, Juan 10:37). Por lo tanto, él mismo, con su ejemplo, nos hace ver que el hombre necesita imitar. También, estos pasajes nos enseñan de la gran importancia que tiene la influencia paterna en la vida de los hijos. Por supuesto, Jesús es el supremo y perfecto modelo, pero no todos aceptan o conocen esta opción y dirigen su mirada sobre diferentes personajes a su alrededor. Buenos o malos modelos que a su vez fueron influenciados por otros.

En la Biblia podemos encontrar dos sabios consejos que nos dan una pauta sobre qué hacer, antes de imitar a un estereotipo que se presente en nuestro camino. En primer lugar, debemos examinar todo, es decir, sometamos a prueba lo que dicen y hacen (I Tesalonicenses 5:21). Debemos considerar cuales son los resultados de su conducta, comportamiento o acciones (Hebreos 13:7). Examinar la senda de sus pies (Proverbios 4:26). Sus frutos hablarán por ellos (Mateo 7:16). Y en segundo lugar, retengamos sólo lo bueno, desechando lo malo (I Tesalonicenses 5: 21-22, 3 Juan 11). Debemos capturar las virtudes y cualidades buenas. Sigamos las buenas obras y las cosas útiles (Romanos 12:9, Tito 3:8) y lo que contribuye a la paz y mutua edificación (Romanos 14:19). Conservemos lo actuado en amor y los dones espirituales (I Corintios 14:1).

Cuando hablamos de imitar a un buen prototipo, estamos considerando que éste desarrolla su vida bajo valores morales y espirituales dados por Dios y respetando las normas legales que ordenan una sociedad. Estemos alertas con aquellos quienes simulan, fingen o aparentan ser lo que no son. No seamos ciegos, siguiendo a aquellos que a lo malo llaman bueno y a lo bueno malo (Isaías 5:20).

Josué y Salomón son dos personajes bíblicos que nos enseñan los resultados de imitar a la persona correcta. Josué logró conquistar la tierra prometida que Dios ofreció a su nación, porque él decidió seguir al pie de la letra lo que Moisés venía haciendo, que fue cumplir con el plan de Dios para tal fin. Salomón fue el rey más sabio, poderoso y rico que jamás haya existido, e hizo prosperar a su nación, porque decidió seguir el ejemplo de su padre David, que fue reverente y amante de Dios.

Seamos sabios. Meditemos sobre quiénes están influenciando nuestra vida y cómo estamos influenciando a otros. Imitemos a las personas correctas para ser la persona correcta que otros quieran imitar.

“Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”
(Colosenses 2:6, 3:17)

30/06/2010

COMO A NOSOTROS MISMOS

Después de algunas ocupadas horas de trabajo, “Egomío” se dispuso a hacer uso de su tiempo de refrigerio y se dirigió al comedor para almorzar. Sacó de su lonchera una bolsa de sopa instantánea y vaciándola en su recipiente con agua, usó el horno micro-ondas para su cocción. Después de unos minutos escuchó el silbido del horno avisando que la sopa estaba lista. Cuando abrió la puerta del artefacto encontró que la ebullición de la sopa sobrepasó los límites del recipiente y el interior del horno fue ensuciado con sopa. “Egomío” retiro su recipiente y sin ningún sentido de responsabilidad marchó a la mesa para consumir la sopa sin tomarse el tiempo para limpiar el artefacto. Al término de su refrigerio volvió a su puesto de trabajo sin considerar que otro compañero usaría el horno micro-ondas.

Mientras “Egomío” estaba trabajando, el teléfono de la oficina timbró insistentemente, contestó el teléfono y recibió el urgente mensaje. La llamada era para uno de sus compañeros quien estaba ausente visitando otra área de la empresa. “Egomío” no tomó importancia del mensaje y olvidó comunicárselo a su compañero. Al día siguiente, éste no asistió a trabajar porque estaba en el velorio de su padre, quien habría estado muriendo el día anterior a la misma hora que “Egomío” recibió la llamada.

En otra ocasión, “Egomío” se dirigió al banco para hacer cobro de un cheque a su nombre. Recibió el dinero y contó el monto recibido; había dos billetes de $100 de más. “Egomío” pensando que era su día de suerte se marchó presuroso abandonando el banco. Una semana después, “Egomío” volvió al banco y se enteró que el cajero que lo había atendido la semana anterior había sido despedido.

“Egomío” es el más claro ejemplo de aquellas personas que viven la vida pensando sólo en sí mismas, siendo insensibles a su prójimo. Este comportamiento es totalmente desagradable, completamente egoísta y ofende a Dios, quien nos exhorta a que no busquemos únicamente nuestro propio bien, sino el bien de los otros (Filipenses 2:4).

Jesús nos enseñó que “amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos” es de igual importancia que “amar a Dios.” Ambos tienen íntima relación. No podemos amar a Dios y aborrecer, despreciar, rechazar, ignorar, o discriminar a nuestro prójimo. Tanto como amemos a Dios debemos amar a nuestros semejantes, con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, mente y fuerzas (Marcos 12:30-31, I Juan 4:20-21). Nadie quien se ama a sí mismo actúa dañándose o para cosechar malos resultados en su vida. Si nos amamos a nosotros mismos estamos alertas, casi instintivamente, a buscar nuestro bienestar en todo sentido; del mismo modo debemos actuar hacia nuestro prójimo. Siempre que tengamos oportunidad, debemos hacer el bien a todos, inclusive con quienes no simpatizamos, a todos sin excepción (Gálatas 6:10, Lucas 6:27-28).

Muchas veces, “amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos” demandará invertir nuestro tiempo, dinero y esfuerzo físico a favor de otros; es un dar incondicional que se traduce en servir con excelencia, como nos gustaría ser tratados. El mandamiento dado es un desafiante reto para el corazón humano que por naturaleza está centrado y se complace en sí mismo. (Lucas 6:31, 10:33-35, Gálatas 5:13-14, Proverbios 21:2). El dilema aparece cuando nos preguntamos ¿cómo nos amamos a nosotros mismos? Si nuestro nivel de amor por nosotros mismos es pobre, éste será manifiesto en nuestras relaciones personales con apatía, aislamiento, desinterés y/o relajo; si es en demasía, éste será manifiesto con conveniencia, altivez, arrogancia, y/o aversión. La medida correcta de amarnos a nosotros mismos es equilibrada y se manifiesta con la humildad, sabiduría, servicio y responsabilidad.

Recuerdo la vez cuando traté con un “Egomío” en mi centro de trabajo, quien siendo mi autoridad, pretendió desacreditarme para que me despidan y me hacía la vida imposible en la oficina. A pesar de su comportamiento, no guardé resentimiento y permanecí en una actitud de servicio. ¡Wau! aquello no fue fácil. Pasado el tiempo, él fue despedido y yo debía ocupar su puesto, pero coincidió que me vine a Canadá.

Y quién no se ha cruzado con aquellos “Egomíos” criollos, los que se cuelan en las colas, o los que te venden cartón corrugado remojado y polvoreado con pan rallado haciéndolo pasar por hamburguesa, o los que te rompen la plumilla del auto para venderte una nuevo, o los que te pagan con monedas o billetes falsos, o los que te “mecen” día tras día para cumplir con un servicio que pagaste adelantado, o los que a cambio de un “dinerito” aceleran un trámite administrativo, o los que jalan una extensión de tu servicio de cable, en fin, la lista es interminable. Cualquier actitud que afecte negativamente a nuestro prójimo, directa o indirectamente, es un acto reprochable y se contrapone a la voluntad de Dios.

“Amar al prójimo como a nosotros mismos” tiene que ver con amar sin fingimiento, aborreciendo lo malo; siguiendo lo bueno y en muchas oportunidades con una vocación de entrega. (Romanos 12:10, Efesios 5:2). Miremos cuidadosamente nuestras actitudes para con nuestro prójimo y no nos dejemos vencer por el mal; al contrario, venzamos con el bien el mal (Romanos 12:21). Cada vez que alguien interactúa con nosotros, Dios nos regala la oportunidad de demostrar cuanto amor hay en nuestro corazón por dar a otros. Todo bien que hagamos a nuestro prójimo, a él se lo hacemos (Mateo 25:40). No le fallemos.

01/12/2009

HACER DINERO

Dios declaró que debemos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente (Génesis 3: 19). El “pan” representa nuestras necesidades básicas de alimento, vestido y vivienda, mientras que el “sudor” representa nuestro trabajo. Adán trabajó para sí mismo y proveía para su familia. Con el transcurrir de los años el hombre desarrollo las relaciones sociales y el comercio, dando como resultado el uso del dinero y el trabajo asalariado.

El dinero está presente en todos los aspectos de la vida. Es indispensable para sobrevivir en un mundo cada vez más materialista y orientado al consumo. En todo el mundo, las sociedades han clasificado a sus poblaciones de acuerdo con sus ingresos. El status social y el poder adquisitivo son determinados por la cantidad de dinero logrado. Por lo tanto, la gente se esfuerza en hacer dinero para conseguir un mejor status social y mayor capacidad de gasto. Persiguiendo estos fines, hay quienes hacen dinero legalmente y otros que lo logran ilegalmente.

El apóstol Pablo nos enseña que: "El amor al dinero es la raíz de toda clase de mal" (1 Timoteo 6:10). Estas sabias palabras son verdaderas y se aplican para ambos tipos de personas. El dinero en sí es neutro, no es bueno ni malo. El problema se presenta cuando se endiosa al dinero y éste pasa a ser la meta suprema en la vida. Cuando la fe y la razón de vivir están centradas sólo en el dinero, la gente es capaz de "vender su propia alma", a fin de tenerlo en sus manos (I Timoteo 6:9). Esto es avaricia y codicia; “el que ama el dinero siempre quiere más, el que ama las riquezas, nunca cree tener bastante. Esto es vana ilusión, porque mientras más se tiene, más se gasta. ¿Y qué se gana con tener, aparte de contemplar lo que se tiene?" (Eclesiastés 5: 10-11).

Algunas personas hacen dinero violando la ley o haciendo caso omiso de las normas éticas. Un gran porcentaje de presos en las cárceles cumplen condenas por delitos relacionados con el dinero. Los delitos como: robo, secuestro, asesinato, soborno, prostitución, estafa, fraude y tráfico ilícito de drogas son el resultado de comportamientos ansiosos de personas que aman el dinero a cualquier precio. Paradójicamente, muchos de ellos no tienen tiempo suficiente para disfrutar de su dinero, porque tarde o temprano son detenidos y encarcelados. Asimismo, podemos encontrar un sin número conflictos sociales relacionados al dinero que son tratados en las cortes judiciales: mezquindades salariales, pleitos por herencias, sociedades divididas, etc. Jesús mismo fue traicionado por treinta piezas de plata (Mateo 26:15).

Por otra parte, las personas quienes trabajan legalmente pueden lograr el dinero necesario, sin embargo, un gran número de ellos, a costa de perjudicar su salud, afectar sus relaciones o se sumergen en vicios. Hoy en día, mucha gente trabaja horas extras en sus puestos de trabajo y viven con demasiada ansiedad. Ser "adicto al trabajo" es casi normal en nuestras sociedades (Yo fui víctima de esto alguna vez). Una gran cantidad de consultorios médicos son visitados por personas con síntomas de estrés y otras enfermedades directamente relacionados a esta adicción. Además, las relaciones se ven afectadas cuando alguien se dedica a largas horas de trabajo. Muchos divorcios son producto de un esposo o una esposa ausente del hogar, muchos niños demandan la atención de sus padres ausentes, a través de una pésima conducta social o un bajo rendimiento escolar y muchas personas sufren la soledad. (Si quieres saber acerca de las señales para identificar la adicción de un trabajólico visita la web ¹ citada al pie del artículo). Asimismo, muchas empresas, aprovechando de la necesidad social de hacer dinero, ofrecen a las personas diferentes tipos de juegos de azar y loterías. Ganar dinero fácil es el sueño de muchos, pero es "un arma de doble filo", ya que quienes se involucran en estos juegos pueden quedar atrapados y perder más de lo que han invertido.

Adicionalmente, es aterrador ver como la sensibilidad humana llega a degradarse cuando el hombre es preso de un desmedido afán por lograr dinero. Hoy en día, en muchos lugares del mundo, hay gente que cruel y sanguinariamente matan animales con fines lucrativos (Chequea un video en la web ² citada al pie del artículo). De hecho, muchas especies han desaparecido a causa del hombre y un gran número están en peligro de extinción. Asimismo, muchos recursos naturales vienen sufriendo profanación por gente inescrupulosa quienes contaminan ríos y mares, y devastan bosques con el fin de enriquecerse.

Hacer dinero para suplir nuestras necesidades es importante e imprescindible en la vida. Sin embargo, debemos ser conscientes de que el dinero es un medio y no un fin. El afán por hacer dinero no debe ni puede tomar el lugar de Dios en nuestro corazón (Mateo 6:24). Dios es quien nos da la capacidad de hacer dinero de manera sabia e inteligente, sin afectar negativamente nuestra salud, sin violar la ética, sin romper las leyes, sin destruir nuestras relaciones y sin degradar nuestra sensibilidad humana. Si lo hacemos a la manera de Dios, él llenará nuestro corazón de alegría y no tendremos que preocuparnos mucho por el curso de nuestra vida (Eclesiastés 5: 19-20).

Dios quiere que seamos prósperos en lo económico. Él nos ha prometido que el hombre bueno nunca estará desamparado, ni jamás sus hijos mendigarán (Salmos 37:25)
. ¿Y quién es un hombre bueno? Aquel que lleva en su corazón las enseñanzas de su Dios (Salmos 37: 31a). El amor al dinero no tendrá poder sobre nosotros si nos mantenemos conectados a los pensamientos de nuestro Creador. Además, si nuestra esperanza está puesta en Dios, no nos faltarán oportunidades para hacer dinero y disfrutar de todas las cosas abundantes que él quiere darnos (I Timoteo 6:17).

Por último, no debemos olvidar que nuestro esfuerzo por hacer dinero, debe ser impulsado por un fin más supremo que del sólo suplir nuestras necesidades. Dios nos llama a ser canales de bendición para con nuestro prójimo. “El justo da con generosidad” (Proverbios 21:26b). “Den y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” (Lucas 6: 38).
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¹www.voypormas.com/Mercado-Empleo/5-senales-para-identificar-si-eres-un-trabajolico.html
²www.peta.org/feat/ChineseFurFarms/index.asp - Advertencia: Este video contiene imágenes muy fuertes.

26/08/2009

DIVINA TORTÍCOLIS

Han pasado dos años desde que llegamos a Canadá con el objetivo de construir un mejor futuro. No llegamos a la deriva. Nuestro Padre, en su infinita bondad nos dio una Palabra que nos afirmó y es el generador de nuestro ímpetu para salir adelante en estas tierras lejanas. Él nos dijo: “Solamente te pido que tengas mucho valor y firmeza para cuidar de hacer mi Palabra, no te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas. Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará donde quiera que vayas.” (Josué 1:7-9).

Cada vez estamos más convencidos que la gracia de nuestro Padre nos sostiene y con su ayuda lograremos alcanzar los sueños que Él pone en nuestro corazón. Sabemos muy bien que su Palabra se cumple en su tiempo. Nosotros hacemos nuestra parte y Él hace la suya. Al llegar, lo primero que hicimos fue buscar una iglesia donde congregarnos como nos aconseja el apóstol Pablo (Hebreos 10:25). De la misma manera como lo hacíamos en Lima, continuamos sirviendo al Padre en una iglesia local con los dones que Él nos ha dado y cumpliendo con nuestros diezmos; vamos creciendo en su conocimiento y en la extensión de nuestra red de hermanos en la familia de Dios.

Cuando me inserté laboralmente en Canadá, dispuse en mi corazón no aceptar ofrecimientos de trabajo los días domingos. Más de una vez rechacé esta posibilidad, a pesar de que representaba más ingresos por horas extras. Considero que es vital para un cristiano apartar ese día; dedicarlo al servicio del Señor y a reforzar los lazos familiares. Sin embargo, hace un mes atrás esta determinación fue puesta a prueba una vez más.

Todos conocemos cómo la recesión económica global viene afectando a los países y Canadá no es la excepción. Siete meses atrás la compañía para la que trabajo inició un recorte progresivo de horas laborales que afectó mis ingresos hasta un 40%. Mi responsabilidad de proveedor en la familia me condujo a ponerme en búsqueda de otro trabajo a tiempo parcial o completo, con el objetivo de alcanzar las cuarenta horas semanales, pero todo esfuerzo fue en vano. Fueron momentos en las que las palabras del apóstol Santiago de “sentirme dichoso cuando tenga que enfrentar diversas pruebas” (Santiago 1:2) eran un poco difíciles de entender. Ya la angustia comenzaba a tomar lugar en mi corazón.

En medio de esta crisis, mi jefe me ofreció la oportunidad de hacer más horas un domingo y acepté. Cuando llegó aquel día pasó algo inusual, algo que atribuyo fue una corrección divina. ¡Desperté con tortícolis! Amanecí con un fuerte dolor en el cuello y no podía moverlo libremente. Obviamente tuve que comunicarle a mi supervisor que no asistiría a trabajar. Visité al médico ese mismo día y me aconsejó un buen masaje. Al día siguiente lunes, fui a trabajar como de costumbre. Bien dice David: “El Señor conoce los pensamientos humanos y sabe que son absurdos.” (Salmos 94:11).

Meditando en lo acontecido, pude darme cuenta que el Padre me estaba enseñando que debía “echar toda mi ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de mí y que debía resistir firme en la fe.” (I Pedro 5:7,9). Fue así que tuve el valor de rechazar otro ofrecimiento similar la semana siguiente. Debía confiar que algo pasaría y Dios no tardó. A los pocos días, el gerente me pidió trabajar algunas horas más en los días que me habían recortado y ahora ya casi estoy completando mis cuarenta horas semanales sin necesidad de trabajar los domingos. Adicionalmente a esto, en simultáneo, recibí una respuesta afirmativa respecto a una beca completa para continuar mis estudios de inglés.

Te invito a ser sensible a la corrección del Señor “para que puedas enfrentar tranquilo los días de aflicción (Salmos 94:12) y a “encomendar al Señor tu camino, confía en Él, y Él actuará.” (Salmos 37:5).

“No bien decía: ‘Mis pies resbalan’, cuando ya tu amor, Señor, venía en mi ayuda. Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría.”
(Salmos 94:18-19)

01/08/2009

VUELVE A CASA Y CUÉNTALO

Había estado soñando con una batalla espiritual que enfrentábamos un grupo de hermanos contra gente endemoniada. Estábamos en una calle de la ciudad, frente a frente, como dos pandillas urbanas. Mientras los reprendíamos en el nombre de Cristo, ellos se esforzaban inútilmente en hacernos daño. Me conmovió ver sus caras de angustia y desesperación, me puse a llorar y desperté muy temprano entre lágrimas.

Luego, después de unos minutos de sollozar en la cama, continué mi lectura del evangelio de Lucas. El pasaje bíblico de aquella mañana, Lucas 8: 26-39, trata acerca de la liberación de un hombre endemoniado. Éste que había abandonado su casa, vivía desnudo y solitario en los cementerios de la ciudad, siendo un estorbo para sus pobladores, un día tuvo un encuentro personal con Jesucristo y fue liberado, sanado, salvado. Este gadareno (habitante de Gadara) había estado poseído, es decir, tenía una voluntad subyugada a los demonios y no tenía control de sí mismo. Jesús restauró su vida completamente y volvió a casa.

La experiencia de este hombre me hizo reflexionar respecto a la gran cantidad de gente en nuestra sociedad que viven presos de demonios que sujetan su voluntad y que sufren soledad en su espíritu. Estos demonios se manifiestan en malos hábitos, vicios y/o en actitudes dominantes negativas del carácter que no pueden dejar por años y están atados a ellos con consecuencias muchas veces desastrosas. Malos hábitos sociales como el alcoholismo, el consumo de tabaco, drogas alucinógenas y pornografía, la ludopatía (adicción a juegos electrónicos y de azar), las adicciones sexuales, la religiosidad, la brujería y la violencia. Hábitos negativos del comportamiento como la ira, el chisme, la gula, los celos, el egoísmo, la verborrea y pensamientos obscenos, e inclusive la pereza, la autosuficiencia, la timidez, el temor y la dejadez suelen arruinar una vida o limitarla, transcendiendo negativamente al prójimo. Basta con revisar los medios de comunicación para darnos cuenta de las consecuencias: asesinatos, injusticias sociales, corrupción, violaciones sexuales, suicidios, muertes súbitas por sobredosis o accidentes en las pistas, enfermedades transmitidas, narcotráfico, más gente visitando psiquiatras y psicólogos, divorcios, madres solteras, abortos, robos, pobreza, obesidad, estafas, etc.

En su encuentro con Jesucristo, la primera reacción del gadareno fue rechazarlo. Jesús había decidido liberarlo y él respondió “no te metas conmigo”. Igualmente, en nuestros días muchas personas en las mismas condiciones que este hombre, dan la misma respuesta y rechazan la obra redentora de Jesucristo, ya sea por conformismo, orgullo, incredulidad o temor. Sin embargo, en lo profundo de sus almas anhelan ser libres. Bien, Jesús conociendo acerca de esto, actuó con autoridad con el gadareno y ordenó a los demonios salir de su cuerpo y este fue totalmente salvado. Pero no sólo lo liberó de los demonios. Cuando la gente vino a verlo, este hombre estaba “vestido y en su sano juicio.” Esto me habla de un Dios proveedor y restaurador; de un Dios que cubre necesidades espirituales, pero también materiales y físicas.

Después de esto, el gadareno le rogaba a Jesús le permitiera acompañarlo, pero Jesús le respondió: “Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti.” Estas palabras fueron las que más atrajeron mi atención aquella mañana. En nuestros días muchas personas que han tenido un encuentro personal con Jesús, movidos por la emoción de aquella experiencia, buscan ardientemente involucrarse a tiempo completo en el trabajo de la iglesia con el ánimo de servirlo y hasta toman rigurosos estudios teológicos, cuando en realidad Jesús sólo les está diciendo: “Vuelve a casa y cuéntales todo lo que Dios ha hecho por ti.” Dios quiere que la gente común hable de Él. No tenemos que poseer una maestría en “espiritualidad” para contar de las maravillas que hace Dios. Y el gadareno no sólo lo contó en su casa, sino que fue por todo el pueblo contando lo que Dios hizo por él. Sin querer se convirtió en un evangelizador.

Las palabras de Jesús nos retan a no callar, nos motivan a anunciar lo que Él es capaz de hacer en nuestras vidas. Por este motivo, esta vez quiero contarles algo muy personal. Cuando tuve mi encuentro con Jesucristo, su poder de amor me liberó de mi atadura a la pornografía y pensamientos obscenos que afectaron mi vida personal y mi relación con las mujeres, así como del vicio del tabaco, llegué a fumar hasta dos cajetillas al día. Dios me vistió con nuevas ropas al poner en mi mente sus pensamientos y me dio sano juicio cuando le entregué mi debilidad a Jesús y me rendí a Él. Después de aquello, Dios continúa su obra en mi vida, moldeando mi carácter al suyo y me ha concedido muchos deseos de mi corazón. Sé que hasta que dé mi último aliento, seguiré siendo perfeccionado por su amor.

Es probable que como yo, hayas experimentado un encuentro personal con Jesús y Él te ha liberado de algún vicio o una pasión desenfrenada dominante que te ataba, afligía y avergonzaba. Te animo a hacer lo mismo que el gadareno hizo. Vuelve a casa (familia, amigos, barrio, vecindad) y cuéntales lo que Dios ha hecho por ti y lo que viene haciendo cada día de tu vida. No lo guardes para ti. Dalo a conocer y Dios hará más por ti.

Y si todavía te sientes atado a algo que no te deja crecer espiritual y emocionalmente, a pesar de tu encuentro con Jesús, te exhorto a rendirte completamente a Él. Recuerda que si estás en Cristo, eres una nueva criatura y las cosas viejas pasaron, ahora todas son hechas nuevas (II Corintios 5:17). Despójate del viejo hombre o mujer con sus hechos y revístete del nuevo, conforme a la imagen de nuestro Creador, renovándote hasta conocerlo plenamente (Colosenses 3:9-10). Mediante el bautismo fuiste sepultado con Jesús en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también tú, andes en una nueva vida (Romanos 6:3-4).

Por último, si tú eres de aquellos que le han dicho a Jesús “no te metas conmigo”, te invito a reflexionar y reconsideres aceptar de su gracia sanadora. Nadie, ni nada logrará liberarte de los “demonios” que te atormentan. El poder del amor de Dios está a tu disposición. Sólo cree en Él y entrégale tu vida Jesús. Bastará una sincera oración. Pongo a tu disposición un modelo que te puede ayudar: “Dios me arrepentimiento por haber vivido hasta hoy lejos de ti. Acepto a Jesús, tu Hijo, como mi Salvador y Señor en mi vida. Te abro la puerta de mi corazón, te pido que me perdones y me libres de (menciona la debilidad o vicio). Lléname con tu Espíritu Santo y ayúdame a conocerte más. Gracias Dios por tu amor.” Después de esto, debes asumir el compromiso de: 1. Mantenerte en contacto diario con Dios por medio de la oración y la lectura de la Biblia. 2. Alejarte de las cosas, personas y/o circunstancias que están relacionadas con el vicio o la debilidad que le has pedido a Dios te libre. Haz tu parte y Él hará la suya. Estoy seguro que pronto podrás contarnos lo que Dios ha hecho por ti.

12/07/2009

MATAR O MORIR

Una mañana, mientras despertaba para ir a trabajar, continuamente escuchaba en mi mente esta frase: “Matar o Morir”. No tengo la más mínima idea qué motivó este pensamiento, no recuerdo lo que soñé la noche anterior, sin embargo, mientras meditaba en ellas de inmediato pude darme cuenta de lo que significaban estas palabras. Cada uno de nosotros tenemos la capacidad de decidir “matarnos a nosotros mismos” o “morir a nosotros mismos” ¿Cuál es la diferencia?

La Biblia nos enseña que la naturaleza humana está inclinada al pecado y quienes viven conforme a ella, fijan su mente en los deseos de tal naturaleza, en los placeres de la carne. Tal mentalidad pecaminosa mata y es enemiga de Dios porque no se somete a su Ley. Por lo tanto, viviendo según esta naturaleza será imposible agradar a Dios (Romanos 8). Podemos afirmar que cuando alguien decide desarrollar su vida bajo el dominio de esta naturaleza termina quitándose la vida, acabándose a sí mismo, aniquilando su cuerpo y alma, extinguiendo su espíritu. “El que cava la fosa, en ella se cae; al que abre brecha en el muro, la serpiente lo muerde.” (Eclesiastés 10:8). “La senda de quienes no se deleitan en la Ley del Señor, meditando en ella de día y de noche, los lleva a la perdición.” (Salmo 1). “El ocuparse en seguir las inclinaciones de la carne lleva a la muerte.” (Romanos 8:6).

En Gálatas 5:19-21 encontramos que las obras de vivir bajo el dominio de la naturaleza pecaminosa son: adulterio (relaciones sexuales fuera del matrimonio), fornicación (relaciones sexuales premaritales), deshonestidad, lascivia (vicios), idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, arrebatos de ira, rivalidades, riñas, sectarismos, envidia, borracheras, orgías y cosas similares a estas. Ahora bien, ¿y qué de las cosas similares? Recorriendo la Biblia podemos encontrarlas: amargura, falta de perdón, manipulación, autocompasión, avaricia, cobardía, codicia, conformidad, calumnia, murmuración, crítica (juzgar a los demás), crueldad, curiosidad, egocentrismo, desconfianza, desobediencia, distracción, egoísmo, falta de respeto, irritabilidad, hipocresía, impaciencia, indiferencia, desánimo, ingratitud, mentira, mezquindad (tacañería), altivez, autosuficiencia, preocupación, presunción, vanidad, rebelión, burla, susceptibilidad, pereza, trabajo excesivo, irresponsabilidad, incredulidad, injusticias, religiosidad, ocultismo, charlatanería, robo, asesinato, infidelidad, engaño, masoquismo, discriminaciones, sarcasmo, sadismo, desviaciones sexuales, paganismo, necedad, gula, griteríos, insultos, lenguaje obsceno, intolerancia, esoterismo, impureza mental, adivinaciones, desamor, malhumor, malicia y cualquier otro acto o sentimiento que ofende a Dios y a nuestro prójimo. Entonces, cuando en nuestra vida practicamos cualquiera de estas obras, estamos “matándonos a nosotros mismos.”

El apóstol Pablo a lo largo de sus cartas nos exhorta a no satisfacer los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa, ni andemos pensando en ellos. Al contrario, nos motiva a hacer morir nuestras malas inclinaciones. Es decir, nos estimula a que debemos cesar tales acciones, darles término, extinguirlos de nosotros. Debemos desear vehementemente desarrollar nuestra vida lejos de la influencia de nuestra naturaleza caída. A esto se refiere el “morir a nosotros mismos.”

¿Es posible ser libres de la influencia de nuestra naturaleza pecaminosa? Sí, es posible. Esa es la buena noticia de Dios para nosotros. Por medio del sacrificio de Jesucristo nosotros podemos serlo, porque él vino en la misma condición de pecador y se ofreció en sacrificio por el pecado. Así Dios condenó al pecado en la naturaleza humana. Por lo tanto, si estamos unidos a Jesucristo por su Espíritu Santo, somos más que vencedores frente al pecado (Romanos 8). Para lograr esta unidad con Jesucristo, es necesario entregarle la vida y su Espíritu vendrá a morar en nuestros cuerpos mortales (I Corintios 6:19). Es la única manera de renacer espiritualmente, Él nos hace nuevas criaturas (II Corintios 5:19).

Ahora bien, el “morir a nosotros mismos”, está referido a no dejarnos dominar por nuestra naturaleza pecaminosa, y esto no se logra de la noche a la mañana, es un proceso de santificación que toma todo el tiempo de nuestra existencia en esta tierra. A medida que busquemos más de la presencia de Dios en nosotros, por medio de la oración y la meditación de su Palabra, Él nos revelará cómo lograrlo. Jesucristo nos podará para que llevemos más del fruto de su Espíritu (Juan 15:2). La acción de “morir a nosotros mismos” debe ser una acción de amor a Dios, porque si morimos para el Señor morimos (Romanos 14:8).

Pablo califica al “morir a nosotros mismos” cómo vivir según el Espíritu Santo fijando nuestra mente en sus deseos, lo cual trae verdadera felicidad (Romanos 8:6). Y los frutos del Espíritu son: amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio (Gálatas 5:22). Asimismo, recorriendo la Biblia encontramos que agradan a Dios nuestra: obediencia, fe en Él, diligencia, humildad, sabiduría, honestidad, verdad, justicia, sobriedad, misericordia, responsabilidad, desinterés, perdón, sujeción a la autoridad, honradez, buenas palabras, nobleza, esfuerzo, valentía, pureza mental y sexual, esperanza, servicio, gentileza, respeto, disciplina, benevolencia, alegría, sensatez, generosidad, lealtad, tolerancia, gratitud, confianza, serenidad, perseverancia, buen humor y todos los demás atributos que edifican.

Una clave para derrotar a nuestra naturaleza es cuidar lo que vemos y lo que oímos. La Biblia nos dice que todo nos es lícito, todo nos está permitido, pero que no todo nos conviene, no todo es para nuestro bien (I Corintios 6:12). Así que está en nuestras manos el decidir “matarnos a nosotros mismos” o “morir a nosotros mismos”. Por nuestros frutos seremos conocidos (Mateo 7:16).

Matar o morir no tiene nada que ver con nuestra condición socio-económica o formación intelectual y/o profesional. Sea cual fuera, se trata de nuestra capacidad de entender que para gozar de la vida eterna, abundante y de los ríos de agua viva en nuestro interior que Dios quiere darnos, depende de nosotros, de nuestra negación al yo y sujeción a su Espíritu; de lo contrario, seremos desechados y nos secaremos como las ramas que se recogen y se echan al fuego y arden (Juan 10:10, 7:38, Romanos 6:23, Juan 15:6).

“Como hijos obedientes no se amolden a los malos deseos que antes tenían, cuando vivían en la ignorancia. Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es Santo quien los llamó… Sabiendo que fueron rescatados de su vana manera de vivir que heredaron de sus antepasados
(I Pedro 1:14-18).

SON TUS PALABRAS

Esta canción es una expresión de reconocimiento a las bellas Palabras que recibo de nuestro Padre Celestial cada vez que enfrento retos en mi vida. Te invito a ver el video que viene a continuación. En él leerás algunas de estás Palabras.

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Son, son tus palabras
dulces manjares a mi paladar.
Son, son tus palabras
cual manantiales en mi caminar.

Cuando siento que mi vida explota,
tu aliento me conforta.
Cuando debilitan mi esperanza,
animas mi confianza.
Cuando todo parece perdido,
puedo escuchar tus cumplidos:

"No, no estarás solo
estoy contigo por la eternidad.
No, no estarás solo
duerme tranquilo, soy tu seguridad."

Hablas de mí con amor
y te alegra saber que en tu casa estaré.
Vienes a mí con favor y me haces conocer
que tan grande es tu poder.

Son bellas palabras.

08/06/2009

CARACTERÍSTICAS DE UN LÍDER EXITOSO

Liderar es guiar, dirigir y estar a la cabeza de un grupo de personas en el desarrollo de un proyecto o plan e implica asumir una alta responsabilidad personal y social. En la vida tenemos oportunidades de ejercer liderazgo y en otras ocasiones nos sujetamos al liderazgo de otros. En ambas situaciones es importante reconocer las correctas características que todo buen líder debe mostrar. Mientras leía los Evangelios encontré el mejor y más eminente ejemplo de liderazgo exitoso en la vida de nuestro Señor Jesucristo.

1. Muestra sus dones – Jesús inició su liderazgo dando a conocer sus dones de predicador y maestro, así como su poder de sanidad y liberación. Un buen líder da a conocer sus dones que le permitirán ganarse la confianza de sus colaboradores y ejercer su liderazgo con autoridad. (Mateo 4:17-25, caps. 5-7, Lucas 4:33-37)

2. Se capacita – Desde niño Jesús asistía a la sinagoga con sus padres para conocer la Ley de Moisés. Aunque los evangelios no relatan hechos acerca de su juventud, mencionan que Él fue criado en Nazaret y tenía la costumbre familiar de visitar la sinagoga para estudiar las escrituras. Un líder no sólo tiene dones, sino que se capacita intelectual y espiritualmente para obtener buenos resultados, así como para enfrentar las adversidades y a sus opositores. (Mateo 10:5, Lucas 4:16)

3. Elige a su gente de confianza – Al poco tiempo de haber iniciado su ministerio de popularidad y haber reclutado algunos seguidores, Jesús eligió personalmente su gente de confianza. Lo seguía mucha gente, pero sólo doce de ellos fueron los afortunados para estar cerca de él. Posiblemente antes de elegirlos dedicó tiempo con ellos entrevistándolos y probándoles su espíritu de servicio y compromiso. Un líder escoge a su gente de confianza mediante un proceso personal de selección. (Lucas 6:12-16)

4. Conoce y comparte su misión-visión – En muchas ocasiones Jesús transmitió a sus apóstoles su misión de “dar la vida en rescate por la humanidad”, aunque tardaron en entenderlo. Asimismo, compartió la gran visión divina, de que el hombre goce la eternidad en una morada celestial en la presencia de Dios. Un líder que no reconoce su misión y visión es como un capitán ciego dirigiendo una nave. Llevará a sus seguidores a la deriva, sin rumbo. Los colaboradores se sentirán seguros conociendo “el para qué” y “lo que se espera alcanzar” en el proyecto en el cual ofrecen sus servicios. Genera en ellos una identidad. (Mateo 20:28, Juan 3:15, 10:15 y 28)

5. Da instrucciones claras – Cuando Jesús eligió a sus doce discípulos y a los otros setenta les dio instrucciones muy claras y detalladas de cómo desarrollar su trabajo apostólico. Un líder que comunica bien las tareas que deben desarrollar sus seguidores crea confianza y seguridad en ellos. (Lucas 10:1-12, Mateo 10:1-4)

6. Motiva a su gente – En muchas de sus enseñanzas Jesús motivaba a sus seguidores dándoles palabras de ánimo, fortaleza, fe y asimismo los halagaba cuando lo merecían. Un líder constantemente debe expresar a sus seguidores palabras de motivación infundiendo energía, provocando entusiasmo y avivando la pasión. De igual forma, debe expresarse con afecto, adulación y satisfacción cuando los seguidores cumplen con sus tareas. (Mateo 10:39, 14:27, 16:16-17,Lucas 12:11-12, 10:20,23-24)

7. Delega responsabilidades – Cuando Jesús atendía a la multitud que lo seguía delegaba responsabilidades entre sus discípulos. No hacía todo él mismo; reconoció su necesidad de conferir su representación entre sus apóstoles. Además, entre ellos existían otros colaboradores que servían. Un líder que delega responsabilidad alimenta la autoestima de sus seguidores y les afirma su valor e importancia. (Mateo 10:1, Lucas 8:3)

8. Da el ejemplo – Jesús no sólo daba instrucciones, sino que también daba el ejemplo: oraba, servía, predicaba, atendía al necesitado, defendía sus ideas, etc. En todas sus acciones ponía en práctica lo que enseñaba. Un líder exitoso da ejemplo con sus acciones. Es fiel con lo que propone, es el prototipo, el modelo a seguir. (Mateo 20:20-23, 14:23, 4:17, 15:29-31)

9. Es solidario y servicial – Cuando Jesús sanó a la suegra de Pedro, resucitó a la hija de Jairo y a Lázaro; cuando convirtió el agua en vino y oró por sus discípulos; cuando visitó las casas de sus seguidores y se les apareció después de resucitar, en todas estas situaciones, Él atendía las necesidades de su gente. Un líder no es indiferente a las necesidades emocionales, físicas, materiales y espirituales de las personas a quienes dirige. Tiene un corazón dispuesto para el servicio. (Juan 2:6-11, 17:9-20, Lucas 4:38-39, 8:40-56, 24:13-53, 10:38-42, 19:1-5)

10. Es exigente – Cuando leemos las parábolas de las diez vírgenes y de los talentos reconocemos que el Señor es exigente con sus siervos. Un líder demanda que sus colaboradores asuman responsabilidad, sean productivos, diligentes y eficaces. (Mateo 25:1-30)

11. Es paciente – Antes de ser entregado, Jesús pidió a algunos de sus discípulos que lo acompañen a orar en el monte Getsemaní, sin embargo Jesús los encontró durmiendo hasta en tres oportunidades porque estaban agotados. Unas horas más tarde Pedro lo negaría, unos días después Tomás tocaba las heridas de Jesús resucitado para realmente creer. Un líder reconoce que cada uno de sus seguidores tiene su propio ritmo de aprendizaje y de rendición de resultados. Un líder espera con paciencia ver en acción el máximo potencial de sus colaboradores. (Mateo 26:36-46,69-75, Juan 20:26-29)

12. Conoce sus limitaciones – La madre de Santiago y Juan pidió a Jesús que sus hijos se sienten a su derecha e izquierda en su reino. Jesús les respondió que no podía conceder aquella petición en vista que no le correspondía a Él darlo, sino al Padre. Un líder reconoce las limitaciones de su autoridad. No es tentado por la presunción, pedantería o alardes de poder. (Mateo 20:20-23)

13. Se sujeta a una autoridad – Jesús reconoció que el Padre le dio un mandamiento de que lo debía hablar y hacer. Él hablaba y actuaba como el Padre le dijo que lo haga. Jesús se sometió a la autoridad del Padre. Del mismo modo, un líder se somete a su autoridad hablando y actuando de manera coherente a lo que su jefe le comunica. (Juan 12:49-50, 5:19)

14. Corrige con autoridad – Jesús en muchas ocasiones tuvo que reprender a sus discípulos. Lo hizo en privado y en público, con autoridad, pero a la vez con un tono de respeto. En cada corrección les recordaba cual era la misión del proyecto “Reino de los Cielos”. Un líder corrige a sus colaboradores con severidad, seriedad y a la misma vez con prudencia sin condenar, ridiculizar o menospreciar. (Mateo 8:24-26, Juan 13:7-9, 21:20-22, Marcos 8:32-35)

15. Respeta las leyes – Cuando Jesús fue tentado acerca de que si era lícito pagar el tributo a César o no, Él sabiamente respondió: “Dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios.” En otra oportunidad pagó el impuesto para entrar al templo. Un líder asume su responsabilidad legal y respeta las leyes de las organizaciones instituidas en su comunidad. (Lucas 20:21-25, Mateo 17:24-27)

16. Enfrenta riesgos – Jesús tuvo que enfrentar una serie de riesgos en su trabajo poniendo en peligro su integridad física. En algunos casos, sus discípulos trataron de evitar que lo haga. Un líder toma decisiones valientes y asume ciertos riesgos por el bien de la causa. (Juan 10:31 y 39, 11:8, 18:11)

17. Da la cara por sus colaboradores – Los evangelios relatan que Jesús salió en defensa de sus discípulos ante los fariseos. Un líder es capaz de dar la cara por sus colaboradores cuando estos injustamente enfrentan alguna injuria o agravio. (Mateo 12:1-8)

18. Provee de recursos – Antes de volver al Padre, Jesús dio a sus discípulos dos recursos poderosos y muy valiosos, el Espíritu Santo y su Palabra. Un líder abastece a sus colaboradores con los mejores recursos para que realicen su trabajo. (Juan 20:22, Marcos 13:30-31)

El gran proyecto divino de extender el maravilloso mensaje del Reino de los Cielos está aún vigente. Jesús estuvo presente físicamente en la primera etapa. Luego fue promovido a estar a la diestra del Padre. Ahora nosotros tenemos el encargo de ejecutar la segunda fase hasta su regreso, sin embargo Jesús sigue liderando la obra por medio de su Espíritu en nosotros.

Termino recordando una poderosa promesa de bendición para quienes viven obedientes a la Palabra de Dios: “Te pondré por cabeza y no por cola, y estarás por encima y no estarás debajo” (Deuteronomio 28:13a). Es decir, seremos líderes en los lugares donde estemos. Consideremos el ejemplo de Jesús en el ejercicio de nuestro liderazgo.

14/02/2009

EL QUINTO MANDAMIENTO

Mientras leía el libro de Efesios, me llamó la atención como el apóstol Pablo resalta el Quinto Mandamiento, afirmando que es el primer mandamiento con promesa (Efesios 6:2). En varias oportunidades he recorrido los libros de Éxodo y Deuteronomio y no me había percatado de este detalle. De los diez mandamientos escritos por Dios en las tablas de piedra, el Quinto Mandamiento dice así: “Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te lo ha ordenado, para que disfrutes de una larga vida y te vaya bien en la tierra que te da el Señor tu Dios.” (Deuteronomio 5:16).

El matrimonio, conformado por el padre y la madre, es el núcleo básico de toda sociedad y esta unión fue creada por Dios bajo el principio de perennidad. Los padres son la primera y más importante figura de provisión y autoridad en nuestra vida terrenal y tienen una gran responsabilidad en el cumplimiento de su rol. Ellos deben invertir esfuerzo, sentimientos, tiempo y dinero para ofrecer protección, desarrollo, bienestar y guía espiritual a su descendencia. Los progenitores instruyen, dirigen, proveen, protegen, exhortan, orientan, consuelan, encargan, disciplinan, engríen. (Proverbios 1:8, I Tesalonicenses 2:11-12, II Corintios 12:14, Hebreos 12:7-8, Salmos 103:13, Mateo 7:9-11).

Me atrevería a decir que los padres o progenitores, llámense padre y madre, son una figura o representación terrenal de la “Progenitura Divina.” David y Jesús hacen un paralelismo entre el padre terrenal y Dios Padre: si el padre se compadece y da buenas dádivas a sus hijos, así hará Dios con quienes lo aman. (Salmos 103:13, Mateo 7:9-11). De allí la importancia que Dios les asigna, condenando con maldición y muerte a quienes menosprecian a sus progenitores (Génesis 9:20-27, Deuteronomio 27:16, Éxodo 21:17).

Para tener un idea más clara del Quinto Mandamiento podemos parafrasearlo coloquialmente de la siguiente manera: “Ten estimación y respeto por tus papis; sé agradecido, cortés, honesto y demuéstrales tu aprecio, como el Señor tu Dios te lo ha ordenado, para que tengas una ancianidad feliz, saludable, sin achaques y prosperes en todo lo que emprendas en la tierra que te da el Señor tu Dios.”

El beneficio de disfrutar de una larga vida nos habla de alcanzar una buena y saludable longevidad. Cuando veo como se ha reducido dramáticamente la expectativa de vida desde Moisés, quien recibió las tablas y vivió 120 años, hasta nuestros tiempos, cuyo promedio de edad mundial es de 78 años según la UNDP (Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas), me pregunto qué tanto de esta reducción está relacionada con el quebrantamiento del Quinto Mandamiento, considerando la advertencia del apóstol Pablo a su joven colaborador Timoteo: “...en los últimos tiempos vendrán días difíciles. Los hombres serán egoístas…orgullosos…desobedecerán a sus padres, serán ingratos…”. (II Timoteo 3:1-2). Por otro lado, alcanzar una vida prolongada nos permite compartir nuestra existencia con nuestra descendencia: hijos, nietos y biznietos.

El beneficio de que nos vaya bien en la tierra está relacionado con tener éxito en nuestras decisiones, vencer las adversidades, gozar de bienestar económico, alcanzar paz, y equilibrio emocional y espiritual. Para lograrlo es necesario: 1. Oír y aceptar los consejos y las enseñanzas de nuestros progenitores, y 2. Obedecerlos, es decir, someternos a su autoridad. (Proverbios 4:1, 6:20-22, 13:1, Efesios 6:1, Colosenses 3:20). Esta es la manera como nos capacitamos para enfrentar la vida con sabiduría y cordura; hacerlo es agradable a Dios, quien no dudará en cumplir su Promesa.

La mejor recompensa que podemos ofrecer a nuestros padres, es alegrar sus corazones con el cumplimiento del Quinto Mandamiento (I Timoteo 5:14, Proverbios 10:1). Hay muchas maneras de hacerlo. Si eres un niño o un adolescente, sométete a las normas que ellos dicten en la casa, cumple con tu responsabilidad de lograr buenos resultados escolares, sé cariñoso y agradecido con ellos, no les respondas inadecuadamente ni les levantas la voz, obedece sus órdenes aunque no tengas ganas de hacerlo. Si eres un joven, además, comparte tiempo con ellos, apóyalos realizando actividades hogareñas (lavar los trastes, por ejemplo), cuéntales tus cosas y pídeles consejo; si ellos solventan tus estudios superiores, esfuérzate en lograr tus créditos; si trabajas y vives con ellos, también colabora con los gastos de la casa; si vives fuera de casa, llámalos por teléfono con regularidad y visítalos tanto como puedas. Si ya te casaste, permite que tus hijos pasen tiempo con ellos e invítalos a tu casa. Si alcanzaron la ancianidad, atiende sus necesidades, acompáñalos a su chequeo médico, engríelos, escúchalos y sé paciente.

Si bien es cierto “el orgullo de los hijos son los padres” (Proverbios 17:6), también es cierto que hay muchos padres que no cumplen con responsabilidad su rol y causan muchas heridas emocionales y sentimentales a los hijos, y en casos extremos, hasta daños físicos o abandono. Para ellos Dios tiene una preciosa promesa: “Aunque tu padre y tu madre te abandonen, yo me haré cargo de ti.”(Salmos 27: 10). Sin embargo, el Quinto Mandamiento no discrimina acerca de la calidad de padres que nos tocan, no dice: “Honra a tu padre y madre si son buenos contigo.” Es preciso perdonar los errores de nuestros padres y solamente Dios puede darnos la capacidad para lograrlo.

La influencia de nuestros progenitores juega un papel trascendente en nuestra formación moral y espiritual, así como en nuestra estabilidad emocional y mental. Los modelos de conducta que hemos visto en nuestros padres ejercerán predominio en nuestras reacciones y comportamiento, consciente o inconscientemente. Entendiendo que nuestros padres no están exentos de errar, es prudente tomar en cuenta el consejo bíblico de “examinarlo todo y retener lo bueno, absteniéndonos de lo malo.” (I Tesalonicenses 5:21-22).

Termino con las palabras del Padre Celestial: “Hijo mío, atiende a mis palabras, préstales atención. Jamás las pierdas de vista, ¡grábatelas en la mente! Ellas dan vida y salud a los que las hallan.” (Proverbios 4: 20-22).

05/12/2008

ALCANZANDO LA PROSPERIDAD


En el transcurso de nuestra vida cada uno de nosotros busca y espera alcanzar la prosperidad, es decir, obtener éxito en todo lo que emprendemos. Cuando nos aventuramos a desarrollar nuestros proyectos personales, anhelamos que cada decisión que hacemos tenga un curso favorable.

Normalmente se relaciona la prosperidad con el obtener dinero o cosas materiales, sin embargo, ser próspero involucra además los aspectos emocionales, espirituales, intelectuales, familiares, de relaciones y salud física. Se trata de lograr bienestar y crecimiento en cada aspecto de nuestra vida. Es vano alcanzar éxito económico, evadiendo impuestos o a costa de fraudes, o lograr promociones laborales descuidando nuestras responsabilidades familiares, o ser reconocidos por nuestras habilidades intelectuales siendo mezquinos y egoístas. La meta de nuestro Señor Jesús es efectivamente, que logremos una vida abundante (Juan 10:10); una vida con gran cantidad de bienestar interna y externa; una vida exitosa integralmente, en su totalidad, extendida a la eternidad.

Mientras leía el libro de Proverbios descubrí algunos puntos importantes que debemos considerar para alcanzar una prosperidad integral en nuestras vidas:

1. Planear bien – “Los planes bien pensados dan buen resultado y son pura ganancia, en cambio, los que se hacen a la ligera y apresuradamente causan fracaso y ruina.” (Proverbios 21:5). Un buen plan debe considerar: trazar una meta, definir objetivos, plantear actividades y desarrollar acciones. Además, la Biblia nos recomienda que “el éxito de un plan depende de los muchos consejeros.” (Proverbios 15:22). Una segunda o tercera opinión de personas confiables y apropiadas nos amplia el panorama y enriquece.

2. Confiar en el Señor – “El que confía en el Señor prospera.” (Proverbios 28:25). Quienes tenemos una relación cercana con nuestro Creador debemos entender que nuestra vida está en sus manos, que sus promesas son verdaderas y se cumplen en su tiempo. No vale la pena enredarse en el stress o el afán. “Bendito el hombre que confía en el Señor y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia y nunca deja de dar fruto.”(Jeremías 17:7-8).

3. Buscar sabiduría – En Proverbios 8:18 y 21 la sabiduría da su discurso y expresa: “Conmigo están las riquezas y la honra, la prosperidad y los bienes duraderos.” “A los que me aman les doy su parte, lleno sus casas de tesoros.” Cuando hablamos de sabiduría nos referimos a la capacidad de actuar prudentemente en la vida, a la facultad de decidir correctamente en el tiempo correcto; a la habilidad de frenar nuestros impulsos y tener dominio propio; y al mismo tiempo, a la valentía de aceptar la corrección, es decir reconocer nuestros errores y cambiar de actitud. (Proverbios 19:20). “Pobreza y deshonra tendrá quien desprecia el consejo; grandes honores quien atiende la corrección." (Proverbios 13:18). Cuan importante es ser abiertos a un buen consejo que enriquezca nuestra perspectiva y visión; reconocer que estamos equivocados es una característica de la sabiduría. Aceptar la corrección nos ayuda a madurar en nuestro caminar introduciéndonos a nuevas y mejores oportunidades. Por su parte, el apóstol Santiago nos dice: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin reproche alguno.”(Santiago 1:5).

4. Reverenciar al Señor – “La reverencia al Señor conduce a la vida; uno vive contento y sin sufrir ningún mal” (Proverbios 19:23). “La humildad y la reverencia al Señor traen como premio riquezas, honores y vida.” (Proverbios 22:4). El agradar a Dios considerando sus pensamientos en nuestras decisiones, nos ayuda a evitar problemas y dormir tranquilos, además de obtener la gracia de Dios, quien nos abrirá puertas aún con nuestros enemigos. (Proverbios 16:7).

5. Trabajar – “El que trabaja su tierra tiene abundancia de pan, el imprudente se ocupa de cosas sin provecho.”(Proverbios 12:11). Es importante ser diligente para alcanzar lo que deseamos, no hay logros sin esfuerzo; todo esfuerzo trae su recompensa. Debemos centrar nuestra agilidad y nuestra prisa en ejecutar lo prioritario y reducir o evitar las urgencias. De nada sirve un plan si no se ejecuta. Es importante ser entusiasta y disciplinado en el desarrollo de nuestro trabajo, evadiendo los obstáculos sin perder el ánimo. Es vital mantenerse despierto, avisado y advertido. (Proverbios 20:13).

6. Poner en práctica lo aprendido – “El que aprende y pone en práctica lo aprendido, se estima a sí mismo y prospera.”(Proverbios 19:8). Nadie nace sabiendo, ni nunca terminaremos de aprender. Es importante reconocer que necesitamos pasar por el proceso de aprendizaje. Nuestras aptitudes, dones y talentos serán perfeccionados si nos preparamos: leyendo, estudiando, observando y/o escuchando. Nunca perderemos tiempo ni dinero si invertimos en aprender. Nuestro trabajo será más óptimo y productivo si abrimos nuestro entendimiento al aprendizaje, poniendo en acción las técnicas y el conocimiento adquiridos.

7. Ser honrado – “Gran abundancia hay en la casa del hombre honrado, pero al malvado no le aprovechan sus ganancias.” (Proverbios 15:6). Desarrollar los planes de nuestra vida bajo lineamentos de rectitud e integridad nos ayuda a caminar con soltura y seguridad en la senda. Siendo justos, rechazando y denunciando la corrupción obtendremos bendición, felicidad y favor. Las ganancias conseguidas corruptamente son efímeras.

8. Ser generoso – “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.”(Proverbios 11:25). Debemos estar dispuestos a ser dadivosos con el necesitado, debemos mirar con bondad a aquellos que sufren y están limitados de recursos. Ser generoso es compartir de nuestros recursos para solucionar los problemas del prójimo; no es sólo cubrir falencias materiales de otros, sino también las emocionales y espirituales. En este punto se cumple lo que nos enseña el apóstol Pablo cuando dice: “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; pero el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará.” (2 Corintios 9:6).

9. Ahorrar – “El dinero mal habido pronto se acaba, quien ahorra, poco a poco se enriquece.” (Proverbios 13:11). Guardar parte de nuestros ingresos como previsión es una manera inteligente de vivir. La Biblia ilustra esto mencionando a las hormigas, que siendo un animalito con escasas fuerzas asegura su comida en el verano, para soportar el crudo invierno (Proverbios 30:25). Debemos aprender a ser consumidores inteligentes, evitando ser presa de la manipulación publicitaria que muchas veces nos impone satisfacer necesidades no prioritarias. El saldo de nuestro presupuesto mensual debe acabar en azul. Ahorremos dinero comprando ofertas y controlando nuestros gastos; no tengamos más de una tarjeta de crédito, ni nos sobregiremos.

10. Rodearse de buena compañía – “No te hagas amigo ni compañero de gente violenta y malhumorada, no sea que aprendas sus malas costumbres y te eches la soga al cuello.”(Proverbios 22:25). Otras citas bíblicas nos recomiendan no relacionarnos con inmorales, adúlteros, avaros, calumniadores, borrachos, estafadores, perezosos, etc. (I Corintios 5:11, Proverbios 5:8-10; 23:20-21). Es muy importante rodearnos de personas que edifiquen nuestra vida y sean inspiradoras de buenos principios. Seamos cuidadosos con quienes nos asociamos cuando emprendamos algo.

11. Ser fiel – “El hombre fiel recibirá muchas bendiciones.” (Proverbios 28:20a). Debemos cumplir con lealtad nuestras obligaciones para con nuestro prójimo, ejecutando las cosas con exactitud, considerando los intereses ajenos, evitando ser indolentes por su bienestar, rechazando la “criollada.” Del mismo modo, con mayor razón, esta fidelidad debe dirigirse a nosotros mismos y hacia lo que queremos lograr en la vida. Jesús nos enseñó que debemos ser fieles aún en lo poco, aún cuando las cosas no son como esperamos que sean, para comportarnos de igual forma cuando seamos prosperados. (Lucas 16:10a).

12. Cuidar nuestros recursos – “Mantente al tanto de tus ovejas, preocúpate por tus rebaños… de tus corderos tendrás lana para vestirte, de tus cabritos para comprar terrenos y de tus cabras leche abundante para alimentarte tú, tu familia y todos los que estén a tu servicio.” (Proverbios 27:23, 26-27). Cualquier proyecto que deseamos desarrollar en nuestra vida requiere de recursos, pueden ser económicos (dinero), materiales (máquinas, instalaciones, etc.) y de mano de obra (servicio de colaboradores, socios, empleados, etc.). Debemos invertir tiempo y esfuerzo atendiendo y cuidando de ellos.

13. Ser humilde – “Tras el orgullo viene el fracaso, tras la humildad, la prosperidad.”(Proverbios 18:12). La arrogancia, la soberbia, la altivez y la vanagloria cierran oportunidades de crecimiento en nuestras vidas y crea enemigos y nos aísla. Ser humilde consiste en ser consientes y reconocer nuestras propias limitaciones y debilidades; hacerlo es de valientes, porque requiere someter nuestro propio yo y actuar con mansedumbre. Asimismo, ser humilde es actuar con modestia, sin engreimientos ni jactancia.

14. Evitar los vicios – “El que se entrega al placer se quedará en la pobreza; el que ama el vino y los perfumes jamás será rico.” (Proverbios 21:17). En otras palabras, el que ama sobremanera los deseos de los ojos y de la carne será hombre necesitado. Los vicios y malos hábitos reducen nuestras fuerzas y menoscaban nuestro amor propio, además de encerrarnos en situaciones de dependencia que nos conducen hacia la irresponsabilidad personal y social. El apóstol Pablo nos recomienda revestirnos de Jesucristo, es decir, dejarnos llevar e imbuirnos de su influencia y de su Espíritu. (Romanos 13:14).

15. Diezmar y ofrendar al Señor – “Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo.” (Proverbios 3:9-10). El diezmo (10%) es un mandato dado por Dios para quebrantar nuestra dependencia del dinero. Él conoce el corazón humano y sabe lo difícil que es para el hombre despojarse de la ganancia del sudor de su frente. Por esta razón, el diezmo es un acto de fe. Entregar el diezmo al templo para que haya alimento en su casa viene seguido de una fascinante promesa: “Pruébenme en esto y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. Exterminaré a la langosta, para que no arruine sus cultivos y las vides en los campos no pierdan su fruto. Entonces todas las naciones los llamarán a ustedes dichosos, porque tendrán una nación encantadora.” (Malaquías 3: 10-12). Las ofrendas y los primeros frutos son otras formas de darle honor y están relacionados a impulsos de amor o solidaridad beneficiando a nuestro prójimo. Existe una advertencia hecha por Jesucristo respecto a la entrega de estos donativos: estar reconciliados, en paz con nuestro prójimo, de lo contrario la promesa divina será estorbada e incumplida en nuestra vida. (Mateo 5:23).

Por último, la prosperidad, además de cumplir la función de satisfacer nuestras necesidades personales, debe orientarse o extenderse hacia nuestro prójimo. Existen dos caminos para alcanzar prosperidad, el camino estrecho y el camino ancho. Los principios expuestos están relacionados a lograr prosperidad a través del camino estrecho, sometiéndonos a disciplina y esfuerzo, actuando con responsabilidad personal y social. Utilizar el camino ancho y espacioso, es lo opuesto y los resultados serán pasajeros, acarreando destrucción en nuestra vida. (Mateo 7:12-14).

26/10/2008

¿QUÉ ES EL PECADO?

El apóstol Juan nos da una simple y concreta definición de Pecado: "Es infringir la ley de Dios". (I Juan 3:4). Infringir significa transgesión, quebrantar, violar, desobedecer. La ley de Dios nos ha sido dada para restaurar y fortalecer nuestra relación eterna y cercana con nuestro Creador. Nos capacita para vivir una vida abundante y victoriosa mientras estamos en la tierra, para finalmente alcanzar la vida eterna en la morada celestial que Dios nos tiene preparado. En Proverbios 8:36 se nos advierte que quien la rechaza, quien no la toma en cuenta, se perjudica así mismo, mejor dicho, pone su vida en peligro y ama la muerte. Algunos se preguntan "porque los males e injusticias en el mundo". La respuesta es simple, el hombre ha decidido dar la espalda a la Ley de Dios y cosecha las consecuencias.
El video que viene a continuación nos invita a reflexionar sobre el tema.
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15/07/2008

PARECE

"Parece" es una canción que nació para hacernos reflexionar acerca de la veracidad del amor que tenemos de nosotros mismos y del que ofrecemos a los demás. Normalmente como seres humanos nuestro amor es deficiente y confuso, pero cuando conocemos a Jesús aprendemos realmente a amar de la manera correcta. Te invito a disfrutar de este video.


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Parece todo fácil jugar con la mentira y la verdad;
pero me siento frágil al no poder vencer mi soledad.

Yo quiero sinceridad, sembrar en mi vida integridad.
Yo quiero armonizar todas mis virtudes para dar.

Parece divertido jugar con ilusiones sin final;
pero estoy perdido dentro de un torbellino emocional.

Basta ya de correr y no llegar, de luchar sin conquistar.
Con Jesús pasos firmes puedo dar y he aprendido a amar.

14/07/2008

DUALIDAD ESPIRITUAL

Hay un celo que brota en mi corazón cada vez que veo a personas que llamándose “cristianas” suplantan a Jesucristo en el ejercicio de su fe. Asisten a la iglesia cada domingo, sin embargo cuando sus vidas pasan por pruebas acuden y prefieren confiar en ritos paganos, horóscopos, fetiches, imágenes, ocultismo y en algunos casos sacrificios religiosos. En mi país, por ejemplo, algunas de estas personas acuden a chamanes, tarot, pasada de huevo o ruda, pócimas milagrosas, médiums, rezos, procesiones, hábitos, etc. Desarrollan una dualidad espiritual confusa y peligrosa. Se me ocurren dos razones a este comportamiento: no entienden la profundidad del sacrificio de Jesús y desconocen la Palabra de Dios.

El verdadero cristiano es un seguidor y amante de Jesucristo y en Él ha depositado su fe (confianza, fidelidad) completamente. En Hebreos 12 leemos que cuando somos asediados por el sufrimiento, debemos fijar nuestra mirada en Jesús, quien es el iniciador y perfeccionador de nuestra fe. No debemos perder ni distraer nuestra confianza en Jesús, acudiendo o buscando otras fuentes de bendición. Confiar en Jesús es suficiente y trae una gran recompensa.

Cuando en Eclesiastés dice que “hay un tiempo para reír y un tiempo para llorar” (Eclesiastés 3:4), quiere decir implícitamente, que los problemas son parte de nuestro peregrinaje en la vida y cada uno de ellos tiene un inicio y un final. Jesús mismo experimentó sufrimiento en su misión redentora y él nos dio el ejemplo de cómo enfrentarlo. Cuando Jesús vivió la traición, el ser juzgado injustamente y la cruz, en todo momento estaba enfocado en lo que el Padre había preparado para él; las promesas del Padre estaban en su mente. De esa forma Jesús pudo soportar la crisis fielmente. Él no buscó sustitutos, ni confió en el poder sobrenatural que él tenía para hacer milagros, el cual pudo haber usado para librarse de esos momentos horrorosos. Se despojó de ese atributo para experimentar en carne propia el sufrimiento humano (Filipenses 2:6-11). Él oró al Padre y confió en todo momento en sus palabras (Lucas 22:39-44, Juan 17).

El primer mandamiento es súper claro cuando nos dice que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente (Mateo 22:37); Marcos y Lucas agregan con todas nuestras fuerzas, es decir debemos amarlo hasta agotarnos. Amarlo implica entregar toda nuestra confianza y debemos hacerlo con todo nuestro ser. Dios nos dio un camino a través del cual podemos alcanzar sus bendiciones y ese único Camino es Jesucristo, no hay otro. (I Timoteo 2:5, Juan 14:6) Con la muerte de Jesús no sólo alcanzamos la salvación eterna después de morir físicamente, sino que además en vida, podemos obtener restauración y abundancia en lo emocional, físico (incluido lo material) y espiritual porque Él fue despreciado, rechazado, menospreciado, maltratado, humillado, golpeado, despojado y asesinado por nosotros (Isaías 53). Pagó un precio muy alto. Este sacrificio integral de gran amor es el único agradable para el Padre; Él mismo lo proveyó, por eso Jesús es el único medio para llegar al Padre (Juan 3:16). Todas sus promesas de fortaleza, paz, victoria, salud, prosperidad, provisión, protección, etc. están disponibles para nosotros a través de Jesucristo (Juan 14:13; 2 Pedro1:3-4).

La Biblia define la fe como “tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos” (Hebreos 11:1). Este principio es un absoluto. Puede aplicarse en Dios o en dioses sustitutos. De repente es posible lograr los mismos resultados, pero la diferencia se encuentra en, primero, a quien glorifica nuestra fe y segundo, las consecuencias que obtenemos de su aplicación. El apóstol Pedro nos enseña que Dios debe ser glorificado por medio de Jesucristo en todo, porque a Él le pertenecen la gloria y el imperio (I Pedro 4:11). Nuestra fe honra a Dios cuando dirigimos la mirada a Jesucristo en nuestras circunstancias difíciles, porque estamos depositando nuestra confianza en su poder y su Palabra.

Si buscamos caminos sustitutos como los señalados en el primer párrafo, estamos dándole la gloria a los poderes engañosos de las tinieblas. La Biblia nos exhorta y advierte de las consecuencias de cambiar la gloria del Dios inmortal desviando nuestra confianza hacia imágenes, adivinaciones, sortilegios, magias, hechicerías, encantamientos, agoreros y cosas semejantes (Leer Romanos 1:18-32, Deuteronomio 18:9-14; 28); aún nuestras buenas obras o sacrificios religiosos no son merecedoras de nuestra fe porque nos hace jactanciosos, glorificándonos a nosotros mismos creyendo ser merecedores de obtener lo que necesitamos (Efesios 2:8-9, Mateo 6:5-7, Lucas 18:9:14).

¡Cristianos, no seamos de doble ánimo! ¡No seamos inconstantes! Es Dios o el diablo. Es blanco o negro. Es posible que nuestras respuestas tarden cuando clamamos a Dios por una solución en nuestra vida, pero es en esos momentos cuando más debemos aferrarnos a Él. Son tiempos cuando nuestra fe es probada y nuestro carácter perfeccionado. Sus promesas son verdaderas, reales y se cumplen, debemos aprender a esperar en el tiempo de Dios. Las vidas de José y David son un vivo ejemplo de saber esperar el tiempo de Dios. Ellos pasaron por circunstancia realmente difíciles, sin embargo no renegaron de Dios, ni lo cambiaron buscando otros dioses. Se mantuvieron fieles orando y obedeciendo a Dios; como resultado José llegó a ocupar un alto cargo en un país extranjero y David fue rey de su país. Con la parábola de la viuda y el juez injusto, Jesús nos ilustró acerca de la necesidad de orar siempre a Dios y no desmayar en el ejercicio de nuestra fe cuando las cosas no van bien (Lucas 18).

La realidad de las cosas es que mayormente las crisis o problemas en nuestras vidas se suscitan por desarrollarla sin aplicar los principios que Dios nos enseña en su Palabra. Un cristiano que no se da el tiempo de leer la Biblia no sabrá nunca cómo agradar a Dios y errará por ignorancia de las Escrituras y el poder de Dios (Mateo 22:29). Seguir los mandamientos de Dios es un arma de protección y la llave para que sus promesas sean reales en nuestras vidas. “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en justicia, a fin de que el cristiano esté enteramente capacitado (preparado) para toda buena obra” (I Timoteo 3:16-17).

El apóstol Pablo nos advierte que Satanás se disfraza de ángel de luz (II Corintios 11:14) y nos recomienda no dejarnos engañar con palabras persuasivas o sutilezas que desvíen la firmeza de nuestra fe en Jesucristo (Colosenses 2:4-8). ¡Cristianos, seamos sabios! La sabiduría se inicia con la obediencia en el Dios que decimos creer. La dualidad espiritual nunca es ni será la mejor opción.

Termino con las palabras de nuestro Maestro: “Todo lo que pidan en oración, creyendo, lo recibirán. Todo lo que pidan al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Mateo 21:22, Juan 14:13).

20/01/2008

FORTALECIENDO NUESTRO MATRIMONIO

Introducción

Uno de los mejores espacios para disfrutar la vida es el matrimonio. El matrimonio nos ofrece infinidad de oportunidades para ser creativos y osados. El matrimonio afirma nuestro compromiso con nuestra pareja; es para valientes, porque es para toda la vida. Con el matrimonio alcanzamos niveles de madurez nunca pensados.

La base para desarrollar saludablemente el matrimonio es el amor, es decir, el asumir nuestra responsabilidad y compromiso de hacer feliz a nuestro cónyuge. Este amor debe sostenerse con los años, es una decisión de pacto perenne: “nunca deja de ser” (I Corintios 13:8). Quien se casa afirmando: ‘Él o ella me hará feliz’, está muy equivocado.

Lamentablemente en nuestros días el matrimonio es visto a menos por mucha gente; se casan y viven con la ‘filosofía del desechable’, si sus parejas no satisfacen sus necesidades, las cambian. La consecuencia de esta filosofía son centenares de personas heridas sentimental y emocionalmente; y si hay hijos pequeños de por medio, las consecuencias traumáticas de ser parte de una familia disfuncional, de una u otra forma, trasciende en ellos para sus futuras relaciones interpersonales.

Otros no quieren asumir el riesgo y sólo conviven, evitan aterrorizados la palabra ‘matrimonio’, lo cual pone en duda que exista amor en su relación porque “donde hay amor no hay temor; al contrario, el amor perfecto echa fuera el temor” (I Juan 4:18a).

En la escuela me enseñaron que el núcleo de toda sociedad es la familia y no puede haber familia sin matrimonio. El fundamento para un sano desarrollo social es fortalecer los matrimonios. Enumeraré algunos principios importantes para lograrlo.

Fortaleciendo nuestro matrimonio

1. Sirvámonos el uno al otro. El matrimonio es el primer y más importante espacio para desarrollar nuestras cualidades de servicio; este servicio es mutuo, “unos a los otros” (Gálatas 5:13b). En Mateo 20:28 leemos que Jesús “no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”, lo que indica que servir implicará sacrificio, es decir, hacer algo por el otro aunque no tenga ganas de hacerlo. Hablo de satisfacer una necesidad de nuestro cónyuge en circunstancias en la que estamos gozando de algún momento placentero o hemos planeado algo diferente que hacer. Este servicio nace del amor mutuo, lo cual genera placer al realizarlo.

2. Escuchémonos. La comunicación es un arma protectora en el matrimonio. Sin comunicación no es posible alcanzar conocimiento acerca de nuestro cónyuge. Es importante hablarnos y oírnos mutuamente acerca de nuestros pensamientos y sentimientos. En la Biblia encontramos muchos eventos de cómo Dios presta vital importancia a este ejercicio motivándonos constantemente a orar (comunicarnos con Dios). En un momento de su relación con Israel, Él afirmó que su pueblo “fue destruido por falta de conocimiento” (Oseas 4:6), es decir, por no atender lo que les ordenaba. Nuestro matrimonio puede experimentar el mismo desastre si no prestamos oído a lo que nuestro cónyuge quiere expresarnos: “…todos ustedes deben estar prontos para oír; en cambio deben ser lentos para hablar…” (Santiago 1: 19a). Dentro de la rutina diaria debemos darnos un espacio para conversar y escucharnos.

3. Ayudémonos mutuamente. En Eclesiastés 4: 9-11 dice: “Mejores son dos que uno; porque mayor provecho obtienen de su trabajo. Y si uno de ellos cae, el otro lo levanta. ¡Pero ay del que cae estando solo, pues no habrá quien lo levante! Además, si dos se acuestan juntos, uno al otro se calientan, pero uno solo, ¿cómo va entrar en calor?”. Una excelente forma de ayudarnos mutuamente es compartir las actividades hogareñas. Es bueno distribuir los quehaceres de la casa a fin de evitar sobrecargar con responsabilidades a uno sólo, y con mayor razón si ambos trabajan. Como mi esposa dice: ‘Entre dos la vida es menos atroz’. Al hablar de ayuda mutua consideramos también el alentarnos y animarnos (I Tesalonicenses 4:18, 5:11), el soportar entre sí las cargas que se presenten y el corregirnos amablemente (Gálatas 6:1).

4. Perdonémonos diariamente. En Mateo 18:35 Jesús nos exhorta a que debemos “perdonar de todo corazón” y en Lucas 17:4, refiriéndose a quienes pecan contra nosotros, nos dice: “aunque peque contra ti siete veces en un día, si siete veces viene a decirte: ‘no lo volveré a hacer’, debes perdonarlo”. Jesús usa el número siete, que simboliza la perfección, enseñándonos que para el perdón no debe haber límites. “De la manera que Cristo los perdonó, así también perdonen.”(Colosenses 3:13c). Y lo sigue haciendo cada vez que se lo pedimos (I Juan 1:9). Sin embargo, creo que no es agradable estar en situaciones de pedir perdón y/o tener que perdonar. Lo mejor es evitar ofender a nuestro cónyuge y seguir los consejos del apóstol Pablo: “debemos agradar a nuestro prójimo (cónyuge) y hacer las cosas para su bien y para la mutua edificación” (Romanos 15:2).

5. Cuidemos nuestras palabras y nuestros pensamientos. En Santiago capítulo 3 se advierte e ilustra claramente acerca del cuidado que debemos tener en el uso de nuestra lengua. Con ella podemos bendecir y al mismo tiempo maldecir. “La lengua amable es un árbol de vida, la lengua perversa hace daño al espíritu.” (Proverbios 15:4); “¡qué grato es hallar la respuesta apropiada y aún más cuando es oportuna!” (Proverbios 15:23); “la respuesta blanda calma el enojo, la respuesta violenta lo excita más.”(Proverbios 15:1); “ninguna palabra corrompida salga de su boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación y traiga beneficios a quienes las escuchen.”(Efesios 4:29). Además se nos exhorta a alejar de nosotros los gritos, los insultos, las críticas y el quejarnos unos a otros. (Efesios 4:30, Romanos 14:13, Santiago 5:9a). Debemos recordar que la palabra dicha tiene poder creativo en sí misma. Con el poder de su Palabra Dios realizó su creación y hemos heredado esa facultad. Nuestro cónyuge merece escuchar de nosotros palabras para su edificación, y salud emocional y espiritual.

Además, el apóstol Pablo nos recomienda: “Piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en toda clase de virtudes, en todo lo que merece alabanza.” (Filipenses 4:8). Es muy importante cuidar lo que sembramos en nuestra mente. Actuamos y hablamos conforme a nuestros pensamientos. No podemos dar lugar a pensamientos de desconfianza, de amargura, de venganza ni de malos deseos hacia nuestro cónyuge. Si por algún instante vienen a nuestra mente pensamientos de ese tipo, desechémoslos, no los dejemos madurar. ¡Extirpémoslos de nuestra mente!

6. Mantengamos la unidad. Esposos y esposas somos una sola carne (Efesios 5:31), somos un cuerpo llamado matrimonio. Dios nos ha provisto de talentos “conforme a nuestra capacidad” (Mateo 25:15) para compartirlos entre nosotros y complementarnos. “Hay más dicha en dar que en recibir.” (Hechos 20:35b). La unión de nuestras fuerzas nos permitirá alcanzar nuestras metas comunes e individuales y soportar las pruebas que la vida nos presenta. No debemos dar lugar a contiendas (Filipenses 2:3), sino a retroalimentarnos identificando nuestras habilidades para el bien común, permaneciendo unidos en amor, sin divisiones, sin altivez, viviendo en armonía, pensando y sintiendo de la misma manera. (Colosenses 2:2b, Romanos 12:16, I Corintios 1:10). Todo esto es bueno para lograr una buena planificación, una saludable distribución de roles familiares, enfrentar las pruebas y alcanzar nuestros sueños. Debemos desechar de nosotros el ‘Síndrome del Yo-ísmo’.

7. Busquemos la sabiduría. “La sabiduría comienza por honrar al Señor.” (Proverbios 1:7a). De él procede la verdadera sabiduría: “Adquiere sabiduría y buen juicio; no eches mis palabras al olvido. Ama la sabiduría, no la abandones y ella te dará su protección. Yo te llevaré por el camino de la sabiduría; te haré andar por el buen camino, en el que no habrá estorbos a tu paso, en el que no tropezarás aún cuando corras.”(Proverbios 4:6, 11-12). Es un buen hábito leer regularmente la Biblia y/o libros relacionados como fuente de inspiración para encontrar el consejo divino y aplicarlo en nuestra relación matrimonial. Mi esposa y yo hemos encontrado juntos una excelente forma de buscar la sabiduría divina a través de la lectura diaria de un libro de devocionales bíblicos para matrimonios. Existen muchos en el mercado.

8. Seamos nuestros mejores amigos íntimos. En nuestras vidas individuales hemos hecho muchos amigos y es posible que alguno de ellos sea nuestra ‘chochera’, nuestro ‘pataza’, a quien conocemos de años; sin embargo, en el momento que nos casamos ellos pasan a ser simplemente amigos especiales, porque nuestro ‘único mejor amigo íntimo’ es nuestro cónyuge. Como amigos, los cónyuges debemos desarrollar total confianza, intimidad y transparencia. En Juan 15:15 Jesús nos llama amigos porque nos ha dado a conocer “las cosas que oyó del Padre”, lo cual indica que un amigo es un confidente, alguien que tiene la confianza de revelar sus intimidades.

9. Respetémonos. Respeto, honra y honor son los ingredientes que dan consistencia a nuestro matrimonio. “Maridos sean comprensivos con sus esposas. Denle el honor que les corresponde, teniendo en cuenta que ellas son más delicadas.”(I Pedro 3:7a) “…y la mujer respete a su esposo.” (Efesios 5:33b). Existen innumerables formas de honrar a nuestro cónyuge: hablándole con la verdad, cumpliendo con lo que le ofrecemos, no manipulando sus sentimientos, no ridiculizándolo en público, cuidando sus intereses y su reputación, aceptando pacientemente su indisposición sexual o de otra índole, considerando su opinión antes de tomar una decisión personal, atendiéndolo cuando se enferma, siendo fieles, exaltando sus atributos y cualidades, no imponiéndole nuestras preferencias, aceptando nuestros errores y cambiando de actitud, siendo agradecidos, una llamada avisando que llegaremos con retraso a casa, etc. No olvidemos nunca los votos que nos expresamos mutuamente en la ceremonia matrimonial, nuestro compromiso es cumplirlos incondicionalmente.

10. No matemos el romanticismo. “Mi amado es, entre los hombres, como un manzano entre los árboles del bosque. ¡Qué agradable es sentarme a su sombra! ¡Qué dulce me sabe su fruta! Me llevó a la sala de los banquetes y sus miradas para mí fueron de amor.” (Proverbios 2:3-4). “¡Tú eres hermosa, amor mío; hermosa de pies a cabeza! ¡En ti no hay defecto alguno!” (Proverbios 4:7). Alguna vez escuché decir que el amor se desgasta, que la rutina lo mata. Depende de nosotros que esto no ocurra. Usemos nuestra creatividad para sorprender con detalles a nuestro cónyuge: flores, una tarjeta de amor, una cena especial, un fin de semana fuera de casa, un chocolatito de vez en vez, palabras de halago, coqueteos, o lo que se nos ocurra para mantener encendida la llama que nos atrajo cuando nos conocimos. Estemos alertas a los gustos, preferencias y necesidades de nuestro cónyuge, por más insignificantes que nos parezcan. Con estos detalles haremos sentir a nuestro cónyuge especial y le mostraremos que está vigente en nuestro corazón.

11. Tengamos fe en Dios. Es vital como matrimonio poner nuestra total confianza en Dios. De él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona (Hebreos 12:2). No debemos poner nuestra confianza en las riquezas, ni en nuestras propias opiniones (Proverbios 3:5, 11:28, 28:26), ni en el sistema político o financiero, ni en personas importantes, ni en nuestra propia familia (Salmos 146:3, Jeremías 17:5). En la vida matrimonial enfrentamos retos y pruebas, experimentamos desilusiones y adversidades, pero en todas estas circunstancias nuestra fe debe estar puesta en Dios. “Pon tu vida en las manos del Señor, confía en él y vendrá en tu ayuda.”(Salmos 37:3); “Pero los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como águilas, podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse.”(Isaías 40:31). Para desarrollar nuestra fe en Dios es necesario conocer su mensaje (Romanos 10:17). La Biblia debe ser nuestra fuente. Leámosla, identifiquémonos y pongámosla en práctica; sus promesas de fortaleza, paz, esperanza, sosiego, seguridad, etc. están a nuestro alcance.

12. Esperemos con alegría. En nuestro tiempo existen dos adversarios que pueden socavar nuestro matrimonio: la preocupación y el afán, lo que conocemos como ‘stress’. Estos adversarios roban de nuestros corazones la alegría de vivir y nos mantienen tensos. Debemos entender que “todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” (Eclesiastés 3:1). Aprendamos a esperar en Dios y no perdamos el gozo, aunque los resultados que esperamos tarden (Salmos 42:5, Habacuc 3:17-19). La cosecha llegará en su tiempo, no alteremos su proceso porque podemos obtener resultados defectuosos. No temamos y alegrémonos (Joel 2:21), “el corazón alegre hermosea el rostro.” (Proverbios 15:13a).

Los puntos tratados están relacionados y se complementan. No importa el tiempo que tengamos juntos: un año, cinco, diez, veinte, cincuenta años, nunca es tarde para aplicar estos principios en nuestra relación matrimonial. Lo más valioso que tenemos en la vida es nuestro cónyuge porque los hijos se van.

Si las circunstancias de la vida han opacado el brillo de su matrimonio, si sus egoísmos e inmadurez han apagado la llama del amor, si están deseando y buscando mejorar su relación matrimonial apliquen ‘reingeniería’ con estos principios.


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Textos bíblicos tomados de: “Biblia de Estudio Dios Habla Hoy” (Tercera edición).
“Santa Biblia De Reina y De Valera (Edición letra grande)